Comment: Spain offers us in Finland a good case in point to study how the role of learning a new language has its limitations in the adaption process of immigrants. Spain has millions of Latin Americans who not only speak Spanish as their mother tongue, but belong to the same religion as well.
The lesson we can learn from Spain is that racism and discrimination do not magically vanish after you become fluent in a language. There are many other factors at play like acceptance. .
Are some Finnish policy-makers, politicians and even language teachers making optimistic promises? Are they giving a too rosy picture of our society by stating, “learn the language and everything will be fine?”
The beautifully written blog entry below by Zulma Sierra tells about an urban tale we commonly here in Finland as well from the anti-immigration crowd: Immigrants get better benefits and treatment than the locals.
A man placed an ad in a Catalan daily, La Garrotxa, and offered to pay 500 euros to anyone who could inconclusively show that immigrants get preferential treatment by the authorities in the region of Catalonia.
Nobody responded.
This would be a great idea in Finland. What about if we placed an ad in Helsigin Sanomat and asked the same question? How many would respond?
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Zulma Sierra
Gracias a la Xarxa Barcelona Antirumors, llegó a mi pantalla esta historia fascinante: un hombre ofreció 500 euros a quien aportara pruebas de que los inmigrantes reciben tratos de favor por parte de la Administración Pública.
El anuncio salió en el diario local La Garrotxa y contaba con el respaldo del abogado Joan Capdevila. Es decir, quien quisiera comprobar que el anuncio iba en serio podía llamar a este despacho en Olot, y si las pruebas aprobadas eran irrefutables, el abogado se encargaría de pagarle su premio. El diario La Garrotxa, a su vez, se comprometía a publicar la historia -con las pruebas conseguidas por el ganador- siempre respetando el anonimato del participante.
Y aquí entramos en un terreno interesante: el anónimo. Porque el promotor directo de la iniciativa sigue siendo un misterio. Sólo Joan Capdevila lo conoce y, según un artículo suyo, aparecido en la Revista de Girona, el hombre estaba cansado de oír que a las madres extranjeras les regalaban pañales para sus recién nacidos, que los inmigrantes recibían un tiquet de asistencia o que los escolares -hijos de extranjeros- tenían comedor y transporte gratis.
El hombre estaba dispuesto a poner de su bolsillo para desmontar mitos, o para ratificarlos (en caso de que resultasen ciertos), pero no le interesaba ni dar la cara ni unirse a ninguna cruzada antiracismo.
¿Anuncio trampa? se preguntaban algunos políticos y comentaristas en los medios de comunicación locales. ¿Cómo es posible que una sola persona pretenda acabar con los estereotipos? El racismo y la discriminación, insistían en sus análisis, es cosa de las Administraciones Públicas y los profesionales.
Sí y no, digo yo. ¿Acaso la participación individual en la vida pública sólo puede concretarse a través del voto en unas elecciones? Para Capdevila resulta sorprendente que los medios de comunicación fueran perdiendo interés en la historia a medida que pasaba el tiempo porque no estaba respaldada por un colectivo o por una entidad. No se tomaron el trabajo de investigar por su cuenta el origen y la veracidad de las supuestas ayudas extraordinarias que reciben los inmigrantes de Girona, porque la “denuncia” que planteaba este ciudadano era bastante inusual.
Y se queja así don Joan Capdevila en su texto:
Els ciutadans normals i corrents, individualment, s’han d’abstenir, han de ser només espectadors de la realitat i no intervenir-hi, d’altra manera són excèntrics ridículs.
“Los ciudadanos normales y corrientes, individualmente, deben abstenerse, deben ser sólo espectadores de la realidad y no intervenir, de otra manera son excéntricos ridículos”.

Imagen tomada de Taringa.net
Pues qué lamentable que así sea. Qué aburrido es vivir en la resignación, viendo pasar aquello que no te gusta, sin pronunciar ninguna palabra en contra. Qué penoso, además, que quienes deciden en las esferas de poder sólo toquen a mi puerta en época de elecciones porque saben que el resto del tiempo permaneceré inmóvil.
Y no quiero con esto desacreditar a los movimientos ciudadanos valientes y masivos como el 15-M que van dejando huellas importantes cada vez que pisan la calle. Por el contrario, pienso que una manifestación colectiva tiene que ir respaldada por acciones individuales y que, aunque una golondrina no haga verano, vale la pena hacerse sentir, decir lo que se piensa, luchar por lo que se cree.
Desde aquí, gracias a Capdevila y a su cliente por ir en contra del conformismo.
Por cierto… ¿Quieren sabe cómo acabó la historia? Nunca se presentó ningún candidato al premio durante los dos meses de la convocatoria.