La compañía finlandesa Botnia está construyendo una pastera de $1,2 mil millones en las orillas de del río de Uruguay en frente de la ciudad argentina de Gualeguaychú. La planta será inaugurada a principios de septiembre.
Cada país, como Uruguay, tiene ciertamente el derecho de atraer inversión extranjera para incrementar el desarrollo económico y crear más puestos de trabajo. Si fuera uruguayo, estaría furioso por el comportamiento argentino de mezclarse en los asuntos internos del país.
Tomando en cuenta que es una compañía finlandesa que está construyendo la pastera, esto asegura por lo menos que la tecnología que se usará en la planta es la más moderna. Estaría realmente preocupado si una empresa chilena, brasileña o argentina estaría construyendo la planta. Es un hecho, sin embargo, que todas las pasteras contaminan. La planta de Botnia cerca de Fray Bentos en Uruguay no es ninguna excepción.
La pastera es un buen ejemplo de cómo no manejar las relaciones públicas. Botnia mantiene que el conflicto es por causas “políticas.” Este argumento es un insulto a los argentinos quienes han logrado a través de sufrir vivir debajo gobiernos de facto a expresar su derecho inalienable de opinar.
La construcción de la pastera justo en frente de Gualeguaychú fue otro error grave de Botnia. Demuestra una falta total de consideración causado por ignorancia y prepotencia.
Si intentamos encontrar a culpables, uno de ellos sería sin duda el ex presidente Jorge Batlle de Uruguay.
Él dijo una vez, sin darse cuenta que el periodista no había apagado su grabador, que todos los argentinos son una manga de chorros.
¿La solución? Botnia, Uruguay y la Argentina deben encontrar un acuerdo sobre el conflicto. Ese acuerdo tiene que tomar en cuenta una compensación a los residentes de Gualeguaychú y a la provincia de Entre Ríos por las pérdidas económicas que impondrá la pastera.



